Una mirada sobre el impuesto a las ganancias, debate que ocupa la escena política de fin de año entre la demagogia y la razón.

Por Big Sur 15-12-2016

De acuerdo al último reporte del Instituto de Gobernanza y Análisis de Políticas (NATSEM por su sigla en inglés), sólo el 20% de los trabajadores australianos no pagaron impuestos a las ganancias en el último ejercicio. Número más número menos, esa es la tendencia en el conjunto de los países desarrollados que se agrupan en la OCDE; la inmensa mayoría de la fuerza laboral paga ganancias, y los impuestos como el IVA representan, en promedio, sólo el 30% de la recaudación. En contraste, en nuestro país, la tendencia prevaleciente ha sido la de cobrar los impuestos más fáciles de recolectar, que son los que recaen sobre los bienes (IVA, IIBB e internos) y sobre los trabajadores (aportes a la seguridad social).

La segunda razón por la cual predominan los impuestos indirectos es que no se ven, están escondidos en los precios de los bienes y no hay que pagar un costo político tan grande para imponerlos. Los tributos directos, en cambio, son evidentes en el recibo de sueldo, de modo que le duelen al contribuyente, que la mayoría de las veces no es consciente de que a lo largo del mes paga mucho más de IVA o de cargas sobre el celular o las naftas, que de Ganancias.

La locura de la inflación

Lo concreto es que en los últimos años de la convertibilidad sólo 462.000 trabajadores pagaban el impuesto a las ganancias, pero sin que el Congreso haya resuelto modificar esa cifra, con el voto de los representantes del pueblo y de las provincias, hoy pagan un millón y medio de trabajadores, por culpa de que la inflación hizo subir los salarios nominales, aun cuando la capacidad adquisitiva de los sueldos no aumentó tanto en el ínterin.

Lo que ocurrió es que al no ajustarse los mínimos no imponibles de acuerdo a lo que dictaba la propia Ley, la inflación hizo que muchos entraran injustamente en el tributo.

Encima, el crecimiento de los precios también distorsionó la tabla de escalas, resultando en la perdiera la progresividad del tributo, que es su gran virtud. En todo el mundo Ganancias es el impuesto que mejor capta la capacidad adquisitiva de los contribuyentes, dotando al sistema de una gran justicia, porque permite que aporten el sostenimiento del Estado, proporcionalmente más los que más tienen. Inflación mediante eso se rompió y terminaron pagando proporcionalmente lo mismo el portero de una escuela con mucha antigüedad, que el gerente de una multinacional.

Cal y arena

La propuesta oficial que se conoció esta semana prácticamente no actualiza el mínimo no imponible y las deducciones, pero si cambia fuertemente, por primera vez en 17 años, la tabla con las alícuotas, haciendo que el impuesto recupere en los próximos tres años la progresividad que tenía antes de que la inflación se lo llevara puesto.

Como el proyecto se va a discutir en el Congreso, que es lo que corresponde, la propuesta del gobierno fija claramente su posición en el debate; que Ganancias sea un impuesto más inclusivo, que pague más gente, pero que al mismo tiempo sea mucho más progresivo, de suerte tal que los que empiezan pagando con ingresos relativamente bajos, solo contribuyan con la alícuota más chica del 5% (circunstancialmente del 2% para los que pagan por primera vez).

La combinación de ambas cosas hará que pague un poco más de gente, con aportes que irán entre los 100 y los 250 pesos mensuales, pero que baje mucho (entre un 25 y un 60%) el impuesto que pagan los que hoy están tributando, incluyendo los trabajadores autónomos que hasta ahora habían sido siempre perjudicados.

Una reforma necesaria

Lamentablemente las distintas propuestas han sido empujadas por especulaciones electorales y brotes de demagogia. Como resultado de eso estamos discutiendo reducciones en el mejor impuesto que tiene el sistema tributario y no abordamos los impuestos más inequitativos, como el IVA, o los más ineficientes, como los de Ingresos Brutos que se cobran en las provincias.

Más aún. Poco se habla de los verdaderos impuestos al trabajo que son los aportes a la seguridad social, que ponen una brecha de casi el 30% entre lo que cobra el laburante y lo que paga realmente el empresario.

En un contexto de alta informalidad, donde el sistema jubilatorio es de naturaleza solidaria, reconociendo derechos a millones de personas que no han aportado lo suficiente para acceder a un beneficio previsional y donde los que sí lo hicieron cobran un monto ridículo, que poca relación guarda con el aporte efectuado, parece razonable eliminar o por lo menos reducir fuerte muchos de esos impuestos y reemplazar el financiamiento del sistema por tributos que sean independientes de la utilización de mano de obra, como ocurre con Ganancias, por ejemplo.

Al mismo tiempo debería darse un debate sobre el rol del estado, donde los ciudadanos puedan decidir qué tipo de gastos públicos están dispuestos a financiar con sus impuestos. Es muy importante que tomemos conciencia que ambas cosas están relacionadas y que no se puede aumentar el gasto y al mismo tiempo pedir menores impuestos.

Solo en la medida que el sistema esté dominado por Ganancias, el contribuyente votará de manera responsable respecto del gasto que le parece razonable financiar. Entonces será más fácil resolver el eterno problema del déficit fiscal y al mismo tiempo el Estado funcionará mucho mejor.

Publicado originalmente por Martín Tetaz. http://www.martintetaz.com/27112016-otra-vez-ganancias-otra-vez-erramos/

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