Un ejército de trolls puede costar entre 30 y 50 mil pesos mensuales y manejar 50 perfiles falsos y violentos. Como toda arma de doble filo, puede volverse en contra de los gobiernos que los organizan

Por Carolina Marín 22-09-2016

A veces pareciera que Internet nos regala una especie de libertad para realizar acciones que, en la vida real, seguramente no nos animaríamos, y en las redes sociales el lugar donde esta oportunidad se ve reflejada. A diario, los millones de usuarios comparten sus opiniones sobre todo tipo de temas: personales, amorosos, políticos, económicos, etc. Así, internet termina siendo el lugar donde muchos eligen desahogarse de todo aquello que lo rodea, volcando sus alegrías y pesares. 

Si esto es lo que logra la web del siglo XXI con los usuarios que utilizamos nuestra verdadera identidad, imagínense lo que pueden hacer los trolls, aquellos que se esconden detrás de perfiles falsos para hacer de internet una trinchera. Y cuando son los mismos políticos quienes contratan y controlan estos trolls para crear su ejército propio de micromilitancia, necesitamos preguntarnos qué papel ocupan realmente y sobre todo, ¿cuál es el límite?

Responsabilidad digital

El mundo real se tuvo que adaptar a los medios digitales, incluso los problemas se volvieron digitales. Hoy hablamos de grooming, hostigamiento digital, ciberbullying y ciberacoso. No son más que viejos delitos que se han adaptados a las nuevas tecnologías. ¿Qué pasa cuando un gobierno ejerce violencia digital? ¿Cómo hace un funcionario para hablar de grooming o algún tipo de ciberacoso públicamente si usa sus propias redes para ejercer violencia? Temáticas actuales y de las que ningún gobierno puede escapar, porque hasta eso: escapar connota violencia.

Hay un término que poco se escucha por los pasillos digitales y que, paradójicamente, es lo que abunda en ellos: flamer. Se le llama así a la persona que publica mensajes ofensivos desde sus cuentas personales. Lo puede hacer cualquier usuario sin necesidad de ser troll o querer destruir la reputación de alguna marca o político (o sí). La cuestión es que nadie se convierte en troll por un mensaje o por unos cuantos, a lo sumo será un usuario temperamental que nunca ha leído sobre reglas de convivencia o protocolos digitales. Pero el problema surge cuando el flamer pertenece a un gobierno y son los mismos funcionarios quienes hacen flaming desde sus redes sociales.

De flamer a troll

El troll es una cuenta que se abre con la única finalidad de hacer daño a alguien o algo (organización, empresa, persona). Estas criaturas a veces están en la cuerda floja y rozan con lo ilegal. Todo lo que no se puede hacer en redes sociales lo hacen ellos. Se meten en terrenos como hostigamiento, sexismo, enfermedad, muerte y hasta hacen apología de todos los vicios de este mundo mundano. 

Si hay un lugar donde abundan los trolls es en el ambiente político, sobre todo en tiempo de campaña. Por lo general una misma persona maneja más de una cuenta, utilizando herramientas de gestión y una inversión mensual. 

Hay que separar la militancia digital de los ejércitos de trolls, son dos cosas diferentes. Una cosa es usar las redes sociales para difundir información y dar apoyo político, y otra muy distinta es crear perfiles falsos para difamar o ensuciar al opositor.

Militancia digital 

La militancia digital es un arma de doble filo: te puede servir para llegar a la cima o para caer en picada Los militantes son temperamentales y efusivos y, sin embargo, son quienes más influyen en la imagen digital de un candidato o gobierno. La mayoría de las veces en forma negativa. Pero la culpa no es de ellos ¡hay que educarlos! No es necesario crear trolls, sino preparar a la militancia  para  realizar su trabajo dentro del plan de contingencia (necesario en todo gobierno) para  defenderse de campañas sucias y no caer en una crisis de reputación que pueda costarnos el cargo. 

Si el accionar de un grupo de militantes digitales puede perjudicar la reputación de su líder político, lo que puede hacer el desempeño digital de funcionarios mal asesorados puede ser catastrófico.

Reputación on line ¿Un tema que pasa desapercibido?

Todas las personas somos marca y hacemos marca todo el tiempo, con lo que hacemos y dejamos de hacer. En nuestro día a día estamos construyendo o destruyendo nuestra imagen, al mismo tiempo que se construye nuestra reputación. Esto sucede en los medios offline y online. La cuestión es que en Internet la información vuela:

Las noticias ponen quinta a fondo en Internet, a veces casi sin verificar fuente, todo se comporte y se multiplica. En un mundo donde todos opinamos y donde los que buscan hacer daño se sienten con ventaja. Una noticia local puede conseguir un alcance nacional en menos de 2 horas mientras que las empresas tardan más de 20 en reaccionar ¿por qué? básicamente porque no está en sus planes sufrir crisis de reputación (ver nota completa sobre crisis de reputación)

Branding Corporativo

Al mismo tiempo que construimos nuestra marca personal también construimos la marca corporativa, esto significa que la marca personal de un funcionario influye en la organización que éste representa y por consiguiente en el gobierno. 

Cada área de gobierno tiene su propio su marketing, por más que no contrate a un profesional que se encargue de esto, por más que decida “no hacer marketing”,  el mismo hecho de no hacerlo también es marketing. Ahora bien, la personalidad del área SIEMPRE va a llevar la impronta del funcionario a cargo. Como resultado, encontramos áreas corruptas, creativas, violentas, honestas, olvidadas. Estas áreas influyen en la reputación del gobierno y lógicamente del intendente, gobernador o presidente. Esto se transmite todos los días en los medios digitales.

Un gobierno que tiene funcionarios que no saben usar los medios digitales o bien los utiliza para ejercer la violencia no va a llevar a buen puerto. No hablo de configurar Twitter o Facebook, no hablo de saber escribir un tuit, no hablo de usar hashtags, ni siquiera estoy hablando de hacer flyers lindos; la cosa es más profunda.

Tiene que ver con protocolos digitales, tiene que ver con entender el mundo digital y no actuar sin medir las consecuencias. Con entender que la palabra ha cambiado su significado, que se ha vuelto más fuerte. En esta era digital, cuando pensamos que estamos diciendo en realidad estamos haciendola palabra se ha vuelto acción y esa acción genera acciones y muchas veces daños colaterales. Cuando sos gobierno hay algo que no podés olvidar: que en internet se generan millones de conversaciones detrás de ti y eso te suma o resta votos. La reputación es generada por los otros y a eso no es tan manipulable como parece.

Los gobiernos nunca van admitir que contratan trolls, a menos que no estén asesorados correctamente y se les escape en alguna conferencia de prensa. Esto si sería un grave problema, algo así como apoyar la violencia digital públicamente ¿cómo volvés después de eso?

Carolina Marín

Carolina Marín

Creativa Publicitaria I Experta en #MarketingDigital y #SocialMedia I El conocimiento te hace libre y compartirlo te hace héroe.

@carolinamarinok