Cinco periodistas opinan sobre el rol de los medios de comunicación de la provincia en la represión al lof de Resistencia Cushamen.

Por Iván Marín 16-01-2017

Cuando el juez federal Guido Otranto dictó el sábado pasado la liberación de los tres detenidos en la causa que él lleva adelante, la sensación de derrota política de la avanzada conjunta entre los gobiernos de Mario das Neves a nivel provincial y Mauricio Macri en el ámbito nacional se hizo palpable a todo lo largo y ancho de la provincia. Sin embargo, no debe dejar de soslayarse que tanto la jornada del martes, con la represión de Gendarmería Nacional y Policía del Chubut, como la del miércoles a cargo de la fuerza provincial, pudieron haber terminado en una tragedia con víctimas fatales. Todas las voces reprimidas coinciden en señalar que dispararon a matar. ¿Qué responsabilidad les cabe a las empresas de comunicación en toda esta situación y, también, a los propios trabajadores de prensa?

Sin retroceder demasiado en el tiempo, solo dos días antes de la feroz represión del martes, el bisemanario Perfil publicó una nota de la periodista Cecilia Moncalvo bajo el título “Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC”. Ni lerdos ni perezosos los medios de la provincia la replicaron como voz autorizada. Diario El Chubut, por ejemplo, incorporó en la tapa de su edición impresa del día lunes esta “noticia”. Desde octubre/noviembre del año pasado la mayoría de los medios masivos de comunicación vienen machacando con este tipo de titulares de supuestos vínculos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o incluso la Euskadi Ta Askatasuna (ETA). En la edición del último domingo el diario Jornada publicó una extensa entrevista a miembros de una comunidad mapuche que se manifestó en contra de los métodos del lof de Resistencia Cushamen. La nota fue tapa de la edición y fue rechazada por amplios sectores mapuches independientes de los gobiernos de turno.

Es claro que la intención muchos medios es generar un estado de opinión que rechace la recuperación del territorio que lleva adelante la comunidad mapuche. Lo hacen, obviamente, en sintonía con el gobierno provincial. Hay que decirlo, si la represión que se vivió en la cordillera se hubiera cobrado una víctima fatal, los medios de comunicación en cuestión y los periodistas que se prestaron a esta campaña hubieran tenido su gran cuota de responsabilidad.

Desde La Izquierda Diario venimos contando los hechos con un esfuerzo militante desde distintos puntos del país, siempre recurriendo a fuentes directas y estando in situ para cubrir los acontecimientos con el rigor y la seriedad periodística que esta alarmante situación merece. Es por ello que decidimos entrevistar a cinco periodistas de distintos puntos de la provincia del Chubut para que opinen sobre el rol de los medios de comunicación y los periodistas en la cobertura de esta racista represión que vivieron miembros de pueblos originarios la semana pasada. A lo largo de este extenso artículo no solo se observarán opiniones críticas sobre el tema, sino también los costos que sufrieron estos trabajadores de prensa por hacer su trabajo: desde distintos tipos de censuras hasta el despido del medio para el que trabajaban.

Otro tema que vale la reflexión es qué posición deben ocupar las entidades sindicales que representan a los trabajadores de prensa frente a este tipo de situaciones. La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren) emitió un comunicado el viernes condenando la represión, exigiendo la libertad de los detenidos y llamando a la reflexión a los periodistas sobre la cobertura del conflicto. El Sindicato de Prensa de Comodoro Rivadavia (SiPrenCR) también condenó los hechos y participó de actividades de solidaridad en la ciudad petrolera. Como era de esperar, la tibia y burocrática conducción del Sindicato de Trabajadores de Prensa del Noreste del Chubut se llamó a silencio. Se sabe en la zona que dicha conducción se caracteriza por hacer lo imposible para no molestar a las patronales.

Las entrevistas fueron realizadas en su totalidad por teléfono en la noche del viernes pasado, un día antes de la liberación de los últimos tres detenidos. Diego Colinamun (DC) periodista de Radio Libre de Puerto Madryn no dudó en dar su opinión. Diego aclara que se encuentra de vacaciones en Buenos Aires, por lo que no respondió la primera pregunta de este informe. Pablo Quintana (PQ) es periodista de la radio comunitaria Kalewche de Esquel. Luciana Grandón (LG) trabajó cinco años en LU 17 de Puerto Madryn, luego lo hizo en Radio Escuela Namuncurá. Va a empezar a mediados de febrero en Radio Libre el matutino Hipertexto de lunes a viernes de siete a nueve de la mañana. José Luis Pope (JLP) es uno de los impulsores de la Cátedra Abierta de Comunicación Comunitaria en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco en Trelew, además co-conduce el programa radial Protagonistas y recientemente ha reeditado junto a otros compañeros la revista Sudaca. Mónica Baeza (MB) es redactora del diario El patagónico y es docente, a su vez es secretaria adjunta el Sindicato de Prensa de Comodoro Rivadavia y secretaria de capacitación en Fatpren.

¿Qué opinión tenés de la cobertura de los medios de comunicación más importantes de la provincia y de los periodistas sobre la represión al Lof de Resistencia Cushamen?

JLP: Creo que el rol de los medios de nuestra zona refleja un poco el seguimiento del tema a través de la bajada de línea oficial, nada más. A mí me tocó estar de casualidad porque estaba de vacaciones por El Bolsón y pude acercarme hasta El Maitén y la zona en conflicto, y realmente no vi ningún corresponsal de ninguno de los medios de nuestra zona. Todo lo contrario a lo que sucedía con radios de El Bolsón, por ejemplo Fm Alas y otras radios como El Fogón y La Negra que tenían corresponsales en el mismo lugar de los hechos e iban tratando de transmitir de lo que estaba pasando en la medida hasta donde podían llegar. Así que para mí el seguimiento que hacen del tema los medios de acá es nefasto.

MB: Me parece que tenemos como dos tipos de coberturas. Una es la que hacen los periodistas, los trabajadores de prensa a través de las redes sociales, los blogs y las páginas, que creo que se han esforzado muchísimo para poder reflejar de alguna manera, incluso hasta altas horas de la noche, lo que está ocurriendo en el lof Cushamen. Y lamentablemente los diarios y radios más importantes siguen proponiendo debates que ya fueron ampliamente superados por todos los cientistas sociales como mapuches versus tehuelches. Siguen reforzando estas intenciones que hicieron acerca de vínculos del lof Cushamen con grupos terroristas. Una fabulación de la realidad que roza la fantasía pero que también hace muchísimo daño porque no todo el mundo puede acceder a fuentes confiables de información en momentos como estos. Los medios hegemónicos siguen teniendo precisamente esa hegemonía y su poder sobre la formación de la opinión pública, y eso se nota en el común de la gente. Aun así yo creo que se logró romper el cerco informativo, sobre todo gracias a las redes sociales, a las radios comunitarias como Fm Alas de El Bolsón, que estuvo transmitiendo hasta tardísimo. Y yo afortunadamente vi que tuvimos compañeros periodistas que estuvieron reflejando esto, y si vos recorrés sus blogs, sus páginas y sus Facebook lo ves.

PQ: La cobertura la verdad me parece que tienen un marcado tinte en donde terminan estigmatizando a las comunidades indígenas. El reclamo territorial que protagonizan las comunidades indígenas está visto desde los medios de comunicación hegemónicos como un acto delictivo, y me parece que esta es la lectura desde donde empiezan a hacer el enfoque de ese tipo de conflictos. Y lo que me parece también que hay una seria falencia por parte de los colegas, quienes cumplimos roles dentro de los medios de comunicación, en la formación para comprender este tipo de problemáticas. Si bien es cierto que lamentablemente tenemos falencias en nuestras formaciones en muchos aspectos para abordar distintas temáticas, ésta en particular se nota de una manera importante y habla a las claras por el tipo de abordaje que justamente se termina dando en este tipo de temas.

LG: Me parece que están bastante parcializadas. Me parece que si bien uno siempre toma una posición como persona, porque yo no creo en la objetividad a la hora de hacer ninguna labor, pero concretamente no creo en la objetividad periodística; a veces uno no tiene tanta libertad para poder dejar bien en claro cuál es su posicionamiento. De todas maneras, lo que por lo menos yo me he encontrado en la mayoría de los diarios regionales es como un recorte en el que ni siquiera se tiene en cuenta la mirada por parte de los pueblos originarios. Se los criminaliza directamente, como ha pasado en otras represiones. Así que en este caso veo más o menos lo mismo, claramente signado por una cuestión de intereses económicos y políticos detrás de los medios corporativos regionales, marcado por la pauta oficial también. Me parece que lo que mayormente se ve es eso, cuando se menciona algo sobre la parte de la lucha sobre el territorio es como muy acotado y siempre se termina planteando al pueblo mapuche-tehuelche como el malo de la película.

¿Considerás que hay una campaña para demonizar la lucha del lof? ¿Qué pensás del rigor periodístico de las supuestas vinculaciones de los integrantes de la comunidad con las FARC y ETA? 

DC: ¿Las FARC y ETA también? ¡Vamos! Me parece que la construcción de un enemigo aliado al terrorismo internacional se cae cuando doscientos gendarmes golpean a una comunidad y cuando se ve claramente que del otro lado solo tiran algunas piedras y que los gendarmes tenían superioridad numérica. Queda claro que los mapuches no tienen preparación militar. No tienen armas.

PQ: Está clarito que hay una marcada intención de demonizar y estigmatizar al lof en particular. Pero me parece que esto también responde a un mensaje que baja desde el gobierno provincial. Los medios responden sistemáticamente a los gobiernos de turnos porque están sometidos a sus pautas oficiales. Ese es el gran negocio en que generalmente se sostienen los medios de comunicación, y lamentablemente no es la excepción en este caso. Yo creo que están sometidos en ese sentido, y lo que hacen es justamente responder a la línea que termina bajando el gobierno provincial. Y si ha habido un gran detractor en todo esto ha sido el propio gobernador Mario das Neves en la mirada que le ha hecho al lof, al lonko Facundo Jones Huala. Hay que recordar todos sus dichos cuando fue el juicio por la extradición precisamente del lonko. Y respecto de esa teoría de vincular a los mapuches con las FARC es una vieja teoría que vienen ventilando desde hace muchísimo tiempo, no solamente aquí sino del otro lado de la cordillera. Lo han intentado imponer de todas maneras, ahora lo han vuelto a reflotar. Y de una teoría que además ya ha sido descartada hace muchísimo tiempo, por lo menos con los famosos cables de wikiLeaks donde inclusive allí queda desnudada ese montaje porque no existe vínculo alguno entre los mapuches ni cualquier fuerza, ni las FARC ni la ETA, como se quiso hacer creer durante mucho tiempo.

LG: A mí me parece que eso no tiene asidero, y que una vez más entramos en eso que pasa muchas veces que es el famoso cortar y pegar. Y en muchos casos a mí me ha pasado encontrar una gran carencia en la labor periodística, en este caso hablando de gráfica, de análisis. A veces te encontrás con copias, incluso con errores o con cuestiones que son hasta muy gramaticales y hasta de la forma, más allá de los contenidos. Y acá ante la gravedad o la delicadeza de este tipo de temas es como que esto se pone de manifiesto y está hasta potenciado de una manera mucho más peligrosa, pensando en cuáles son las herramientas que tienen los lectores para hacer un análisis crítico. Entonces, terminamos con que muchos periodistas copian y pegan, y muchos lectores también en este copian y pegan mental hacen un análisis que ya viene totalmente procesado de antemano.

JLP: Las vinculaciones de cierta parte del periodismo con esas organizaciones son ridículas, pero no es de ahora tampoco. Yo me acuerdo hace años seguíamos las realidades de comunidades de pueblos originarios y se la vinculaba a Moira Millán con la ETA, cosa totalmente nefasta. Y hoy en día esto de vincular a las agrupaciones mapuches con las FARC no tiene ningún asidero. Creo que el diario Perfil publicó un artículo sobre el particular y no da ninguna prueba concreta de esa vinculación. Yo creo que es una campaña orquestada que baja tanto de nación como de provincia. El hecho que esté la Gendarmería sitiando prácticamente El Maitén habla a las claras de esta situación. Cuando vos vas al lof y podés entrar tranquilamente, tenés entre quince y veinte personas habitualmente, o menos, y la mayoría son mujeres y niños. Uno se pregunta para qué el movimiento de tanta fuerza. Realmente no sé. Pero a mí me parecen totalmente ridículas este tipo de vinculaciones, que, insisto, siempre lo han hecho al notar lógicamente la vulnerabilidad de estos sectores.

MB: Me parece que no hay ningún rigor. Como te decía, creo que en realidad se fabula, que es intencional, que claramente hay conciencia acerca de lo que significa crear esta imagen y esta construcción de los miembros del lof como personas violentas. Si uno solamente puede ver las fotos de los miembros de la comunidad defendiéndose con piedras y viendo cómo Gendarmería avanzaba con armas de fuego, creo que no hay punto de comparación. Entonces creo que uno de los movilizadores también que demuestran que esto es muy intencional son las fotos que circularon anteanoche (miércoles), que eran fotos de otra represión en Chile, y de esa manera engañando también problematizás las coberturas. Digamos, hay gente que está pagada por el gobierno, que uno puede identificar claramente en Twitter, en Facebook, y lo que hacían era problematizar las coberturas que estaban siendo lo más serias y responsables posibles para lograr parar estos avances informativos que teníamos, que era poder conocer lo que de verdad estaba ocurriendo allí. Y lo lamentable de esto es que no se da solo por la información que da el gobierno provincial o nacional, sino también por los medios hegemónicos y también por la Justicia. Si uno puede acceder a la opinión que dieron los jueces cuando ayer (jueves) se decide en la fiscalía de Esquel liberar más tarde a los detenidos, si uno escucha la posición de los jueces te das cuenta que también están en la misma línea que las notas que se publicaron, por ejemplo en Perfil, o en el diario Crónica de Comodoro Rivadavia que viene publicando desde el año pasado notas que asocian al pueblo mapuche con vínculos que no tienen ningún asidero.

¿Te prestarías a seguir la línea editorial del medio contra tus convicciones en este tema?

PQ: De ninguna manera. Y de hecho me costó mi lugar de trabajo. Como me pasó en diario El Chubut cuando me terminaron despidiendo porque yo tenía un posicionamiento muy claro respecto de lo que era la problemática minera en nuestra localidad en ese momento con todo el conflicto social que vivíamos acá, y la línea editorial del diario había tomado un viraje importante. Hay que remitirse a los archivos de diario El Chubut entre el año 2002 y 2003. Hasta fines del año 2002 hubo una diversidad en cuanto al enfoque que se hacía de la problemática. A partir de enero de 2003 pegó un viraje, y ahí ustedes lo pueden ver porque inclusive estaba acompañado por la propia publicidad que le aportaba la Meridian Gold de aquel entonces. Y el enfoque de la información fue diametralmente opuesto a lo que venía haciendo, y empezó a filtrar justamente las notas que tenían que ver con el movimiento social que se había generado aquí en Esquel. Y eso me generó a mí infinidad de discusiones. El capítulo termina con que en noviembre del año 2003 a mí me despidieron sin causa, porque de hecho le hice un juicio al diario y se lo gané. Uno puede comprender que colegas que están en situaciones apremiantes en cuanto a condiciones laborales porque dependen solamente de ese trabajo, yo vivía de ese trabajo y no de otro, a mí cuando me echaron del diario no fue nada feliz, obviamente. Yo quedé en la calle de un día para el otro. Y es más, viví varios meses con el seguro de desempleo que me pagaba la Anses, y el aporte que me hacía la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de aquel entonces, que decidió hacer una vaquita y durante cuatro meses me estuvieron haciendo un aporte para que junto con el seguro de desempleo que me pagaba el Estado yo pudiera bancarme las cosas que me bancaba habitualmente. A lo que voy es que esas son decisiones muy personales. Lo que yo tengo la certeza es no estaría en un medio en el que me tendría que prestar a una línea editorial que fuera contraria a lo que yo crea, considero, o veo en la realidad que nos rodea.

MB: No lo he hecho en su momento con el conflicto docente, que en Comodoro han sido peleas durísimas. Y lo que te termina pasando es que le dan el tema a otro o te editan las notas a mansalva y como nosotros no firmamos, no podés discutir el contenido de la nota con el jefe de redacción y demás. Lo que termina ocurriendo es que te corren de la cobertura de ciertos temas, y lo que hacés es volcarte a otros medios, trabajás de otra manera. Afortunadamente hoy uno puede generar sus propios medios y su propia voz, aun no teniendo ese medio de comunicación. Y yo creo que a veces tiene mucho más impacto y más visibilidad ese trabajo más independiente que el que desarrollás en un medio hegemónico. Me parece que si tuviéramos que pensar qué ganamos y qué perdemos, me parece que nosotros ganamos muchísimo más plantándonos y teniendo voz propia que amparándose en un medio hegemónico como ese.

JLP: Yo en medio de comunicación no me prestaría a mantener una línea que no coincide con mi forma de ver la situación. De hecho, yo tuve programa de televisión en el canal oficial y tuve la posibilidad de seguir todo el proceso minero cuando oficialmente el apoyo del gobierno a la minería era evidente. Y lo de las comunidades aborígenes también tuve la posibilidad de reflejar hasta inclusive el desalojo que sufrió la familia Fermín en Vuelta del Río en el año 2003, y realmente hoy no estoy arrepentido de haberlo hecho, de reflejarlo y que esto tuviera repercusión nacional. Me costó tener que dejar de hacer el programa, pero estoy totalmente conforme con haber actuado de esa manera.

LG: No. De hecho, ya me pasó. Y hoy me enteré que hubo algunos comentarios de un medio radial muy importante de acá en el que me mencionaron cuestionando qué tenía que hacer yo en la movilización de ayer (jueves) en Puerto Madryn. Y de ese medio justamente cuando llegó el punto que yo sentí que ya no tenía forma de moverme, porque cualquiera que ha laburado en este ámbito y ha pasado por estas grandes corporaciones sabe que te tenés que ir acomodando y no siempre hacer lo que te gustaría, pero vas como encontrando ciertas fisuras donde tenés cierta libertad de acción. Creo que el límite es esto que estás planteando, justamente. La ética periodística siempre signada por el compromiso y la responsabilidad, y no ocultarlo pero tratar de ser lo más sincera posible. Creo que el límite es ese, no hacer, escribir o decir algo que va en contra de lo que pensás como persona. Ahora, después también hay procesos. Muchas veces yo he dicho cosas que con el tiempo y con conocer otras fuentes y otras historias he dejado de pensar lo que pensaba. En eso me parece que por ahí pasa la sinceridad y donde yo apoyo mi falta de creencia de la objetividad. Todos en algún momento tenemos contradicciones como personas, hemos tenido también incoherencias, y es parte del poder compartir con tú público desde una construcción genuinamente humana, personal y subjetiva, me parece.

DC: Tiene que ver con lo que hace uno adentro de los medios de comunicación. Apuesto a que haya un periodismo autogestivo que, por fuera de la estructura de los medios masivos de comunicación en la cual los periodistas y colegas trabajan, se pueda escribir lo que en los medios no se dice. Pero creo que, y sobre todo en los diarios locales donde la firma es escasa, y en donde además del mal pago no son muchos los lugares donde trabajar, el periodista lamentablemente está sujeto a esa línea editorial. Creo que sí una vez que sale del laburo puede hacer lo que quiera y escribir para cuanto medio alternativo aparezca o para cuanto medio digital, que los hay y muchos. Creo que esa realidad del periodista es igual o terrible que tantas otras cosas, pero que en general están sujetos a una línea editorial porque es su trabajo. Y en muchos casos ya encontrar un trabajador en blanco en los medios de comunicación es rarísimo. Entonces, ese tipo está subordinado a ese medio de comunicación, lo que no quita que después la persona escriba lo que quiera, lo que los mismos medios le censuran.

¿El periodista debe sentar posición ante estos hechos?

LG: Sí, totalmente. Abiertamente, no solapadamente. Y abriendo el juego a la discusión. Me parece que esto somos nosotros, periodistas. La generación del periodismo independiente es la anterior, y es la mentira de Pepe Castro acá, y de tantos otros. También hablemos de diario El Chubut, Jornada, no solamente es el único Pepe Castro, y hay muchos otros más. Yo lo digo porque laburé para él. Cuántas veces hemos preguntado cuando se hablaba en la época anterior, —hablando de gestiones nacionales, la “corpo”-, en esta eterna rivalidad entre los “K” con Clarín, cuando lo preguntabas acá a nivel regional se quedaban con el gran signo de pregunta. Y acá la “corpo” también sabemos quiénes son. No es que la “corpo” está allá en Buenos Aires. Por eso digo, esa es otra forma de hacer periodismo, de la que nosotros también venimos porque a la hora que nos hemos formado, hemos leído, venimos de ahí; pero en algún momento encontramos otro camino que yo creo que tiene que ver con la formación en medios comunitarios, alternativos. En donde justamente es otro paradigma, que yo creo que tiene que ver con la horizontalidad y con la sinceridad en algún punto. Yo estoy parado acá, yo informo desde acá. Entonces, que la gente que a mí me escucha hace años en una radio o en otra sabe cuál es mi posición. Y si la pregunta que hicieron hoy en esta radio era realmente qué tenía que hacer Luciana Grandón ahí, o el “No a la Mina” o el Partido Obrero, como podría haber sido algún otro partido político de izquierda que se podría haber acercado, es que estuvimos siempre con los hermanos originarios, entonces cómo no íbamos a estar ahora.

MB: Sí. Yo creo que es nuestra obligación, porque lo hacemos con todos los temas en realidad. Por qué no lo vamos hacer con este tema. Tenemos una obligación moral porque en realidad acá está en juego la vida de las personas. Hay que fijar posición pero también hay que ser coherentes, hay que informarse, hay que estudiar, hay que chequear fuentes. Porque no es fácil hacer una cobertura del momento a momento nosotros que estamos a ochocientos kilómetros del lugar de los hechos. Sin embargo, un montón de compañeros en la provincia trabajaron durísimo, chequeábamos fuentes, llamábamos a los hospitales, llamábamos a la gente que tiene familia en el lof, y se pudo hacer una cobertura muy responsable. Creo que tenemos aliados. No sé, pienso en la nota que sacó Verbistky antes que ocurrieran los hechos ya casi alertando lo que estaba por ocurrir, y eso evidencia que tenemos que ser responsables cuando la vida de los demás está en juego.

DC: El periodista puede sentar posición ante estos hechos de manera editorial o como crónica de los hechos en la medida que se sienta conmovido por estos hechos. Creo que esa relación está marcada por una cuestión personal, lamentablemente, más que por una cuestión de convicciones. Tiene que ver decididamente con el tiempo que tenga el periodista para hacer eso y las ganas que tenga de hacerlo, siempre por fuera de la de la estructura de los medios tradicionales que evidentemente no se lo permite porque responden a otros tipos de estructuras.

PQ: Sí, totalmente. En ese sentido me parece que es digno del periodista que da a conocer su posición frente al conflicto que está analizando, y máxime de estas características que tienen muchas particularidades. Y esto lo digo porque conocemos casos de gente que se arroga el rol de ser ecuánime en sus tratos del abordaje de determinadas temáticas. Te hablan de objetividad y demás y tienen posiciones montadas muy claras, muy contundentes. Nosotros tenemos acá un caso muy particular, el de Ricardo Bustos. El caso de Ricardo Bustos es muy claro, uno de los tipos más escuchados en la cordillera, y durante mucho tiempo ocultó su trabajo dentro de la propia minera. Y el tipo hacía el abordaje de la problemática minera, un conflicto claro y esencial que vivíamos acá en la cordillera, cuando el tipo estaba trabajando para la propia empresa. Y sentaba frente al micrófono y hablaba como que hacía sonar las dos campanas, llamaba a los vecinos autoconvocados por un lado y ponía funcionarios de la empresa por el otro. Además, obviamente, por una cuestión ética. Digo, está claro que hay una necesidad de que frente a este tipo de problemáticas los periodistas sentemos posición, les contemos a la gente desde qué lugar les estamos transmitiendo y les estamos contando la historia o el conflicto que queremos transmitir.

JLP: Yo creo que sí. Creo que no existe la objetividad o existe la objetividad de cada uno. Y en ese sentido creo que hay que reflejar opiniones y posturas respecto a estas situaciones que están pasando para tratar de ser lo más veraces posibles. Yo soy partidario que más que emitir opinión, la necesidad de hacer escuchar esas voces que no se pueden escuchar habitualmente. Creo que a veces tenemos que callar un poco nosotros y dejar hablar a esa gente que tiene sus realidades y que ella misma nos cuente sus historias y realidades

¿Qué valor tiene la verdad para el periodismo?

MB: El fin de nuestra profesión es la verdad. La verdad no es relativa, es una construcción también. Pero lo que vamos a ver acá es que la verdad está asociada también a valores como la justicia, la equidad, la responsabilidad. Asociada al derecho del otro a tener voz y también nuestro derecho y deber de decir y tomar la palabra porque tenemos para eso amparos legales constitucionales, que nos garantizan a nosotros ser defendidos cuando alguien nos ataca. Por lo tanto, si somos tan privilegiados de ser resguardados de esa manera, tenemos el deber de usar la palabra siempre cuando se ataca a otro, y ese otro es precisamente el menos favorecido o más marginado.

JLP: Toda. Por eso hablo de la hegemonía de cierto manejo de la información que se basa en una agenda netamente oficial y es la única que se escucha en los medios de nuestra zona. Creo que es necesario generar posibilidades para que la comunicación sea de muchas voces y no de una sola, y es de todas esas voces que va a surgir la verdad. Yo creo que la verdad la tiene cada uno en su propia realidad, y es cada uno el que tiene que transmitirla. Cuando se cierra la posibilidad de transmitirla vas perdiendo la posibilidad de decir la verdad.

DC: La verdad es esencial para la práctica periodística. Te pongo un ejemplo claro. Una bomba en el metro de Madrid puede ser un atentado contra el Estado Español deleznable o un nuevo paso para la liberación del País Vasco, y las dos son verdad. Creo que la batalla de sentido entre una y otra verdad marca en eso que conocemos como realidad, y en esa batalla estamos. La verdad es importante para ambos lados, y cuán verdadero sea depende de cuán ideológico en los términos de esa contextualización es lo que decimos. Si yo digo que los mapuches fueron traídos ahí por extraterrestres es probable que nadie me crea. Hay que ver cuál es la base que genero para que decir este tipo de estupideces llegue a tener un criterio de verdad. Dependerá de nosotros mostrar que hay tantas verdades posibles como personas. Pero siempre es ideológico, la verdad es ideológica

PQ: Absolutamente toda. Sin verdad no hay periodismo, me parece. Lamentablemente vivimos en tiempos donde las cuestiones de mercado, de negocios, etcétera, irrumpen de alguna manera y rompen quizás con muchas normas que formarían parte de ese fenómeno que tiene que ver con cómo nos manejamos con el análisis de la realidad. Digo, porque nos dejamos ver de acuerdo a los intereses que estamos tocando, a las historias que estamos analizando. Y si tocamos ciertos intereses o no. Y en ese sentido perdemos de vista quizá el principal de los objetivos que deberíamos tener que es justamente el tema de la verdad. Me parece que es un horizonte que muchas veces los medios lo han perdido, lamentablemente.

LG: Es un valor a veces utópico, pero es el motor. A mí me pasa que siempre me quedo en algún punto y es un poco desesperante, pero quizás esto tiene que ver con mi forma de ser. Es el sentir que al final nunca vamos a llegar. Por eso digo lo de utópico, la verdad es una construcción. Pero me parece que si el prisma puede abrir la mayor cantidad de colores para esa construcción de esa verdad vamos a estar quizás un poquito más cerca.

Ilustración Gastón Spur

Publicado originalmente en La Izquierda Diario:

http://www.laizquierdadiario.com/El-periodismo-chubutense-y-la-cuestion-mapuche

Iván Marín

Iván Marín

Periodista en Chubut. La tarta de jamón y queso no lleva cebolla, que quede claro