La serie Black Mirror nos muestra un futuro de humanos cómodamente adaptados a una tecnología que los deshumaniza, y parece tan posible que asusta.

Por Diego Siciliano 10-12-2016

“Y hablamos con una alemana toda la noche”, escuché que decía un compañero de la escuela a otro. Me acerqué con curiosidad y pregunté de qué hablaban. Darío me respondió que tenía instalado en su casa una conexión para hablar con otras personas en cualquier lugar del mundo. Lo traté de mentiroso y para comprobarlo me invitó a su casa. Esa noche descubrí internet. Entre enormes vasos de Coca Cola y porciones de pizza, pasamos largas horas en una pequeña habitación de su casa frente al monitor chateando con una chilena. Cuando pasó la primera sorpresa del choque tecnológico quisimos probar la impunidad de la nueva herramienta. Primero empezamos a decirle obsenidades, luego la insultamos por ser chilena. No podíamos parar de reírnos, aunque pensábamos que alguien podía llegar a castigarnos, que vendría la policía o nos cortarían el servicio. Pero nada pasaba, así que seguimos.

Al poco tiempo, yo ya tenía internet en mi casa y también lo tenían algunos compañeros de escuela. Todos hablábamos por un servicio de mensajería llamado Mirc, en el cual uno se loggeaba con un seudónimo. Se podía hablar en el muro general o por mensaje privado. Nos decíamos muchas cosas. Había demasiada impunidad y crueldad adolescente. En ese momento se sentía genial.

Esto sucedió en 1998, pero parece historia antigua. La tecnología avanza tan rápido que distorsiona la percepción del tiempo. La revolución tecnológica que estamos atravesando es tan acelerada que no nos deja tiempo para reflexionar, porque cualquier análisis siempre queda anticuado. Hace cuatro meses, algunos sociólogos trataban de explicar cómoo una aplicación como Pokemon Go podía hipnotizar a todo un planeta. Pero el furor duró sólo dos semanas. Ahora estamos con Instagram Stories. Quizás, cuando leas este artículo, una nueva app se apodere del mundo.

El gran acierto de Black Mirror es pensar la revolución tecnológica hacia adelante ¿Qué puede llegar a pasar en 10, 15 ó 20 años? Los creadores de la serie tomaron en cuenta los descubrimientos y avances más recientes para imaginar cómo aquello puede afectar nuestras vidas. No es descabellado entonces pensar que los dispositivos móviles estarán instalados dentro de nuestro cerebro y que nuestros ojos serán las pantallas y que podamos registrar todos nuestros recuerdos en la memoria, o que la policía use nuestro inconsciente para hacernos confesar los crímenes, o que el puntaje que recibamos por redes sociales determine si podemos o no acceder a trabajos, fiestas o alquileres.

Si bien es una serie cuya mirada hacia la tecnología es sobre todo crítica (la serie se traduce “Espejo Negro”), Black Mirror muestra humanos felices, adaptados, contentos de ser parte de la revolución que los envuelve. Algo así como estamos nosotros hoy: escribimos manifiestos anti minería en computadoras hechas gracias a la minería; posteamos fotos de Fidel Castro y levantamos odas de la revolución comunista en Facebook; compartimos con tristeza videos de niños africanos desnutridos desde nuestro Iphone 7; o vemos series que critican la tecnología desde Netflix. Pero esta contradicción no es nuestra culpa, son los tiempos que nos tocan, de querer tener una visión romántica del mundo cuando todo aquello que nos rodea se vuelve cada vez menos real, más cínico e ilusorio. El futuro es un espejo negro, al menos es importante darse cuenta de eso.

Diego Siciliano

Diego Siciliano

Director de Big Sur y cocinero amateur.

@diego_sic